Desarrolla la autodisciplina para los hábitos de éxito (Parte II)

Desarrolla la autodisciplina para los hábitos de éxito (Parte II)

Desarrolla la autodisciplina para los hábitos de éxito (Parte II)

En temas anteriores hemos hablado sobre la importancia de la disciplina y el papel fundamental que cumple en el desarrollo del liderazgo y la potenciación progresiva aplicada al emprendimiento que hayas iniciado.

Según el portal web definicion.de la disciplina es el método, la guía o el saber de una persona, sobre todo en lo referente a cuestiones morales. El concepto también se utiliza para referirse a una rama científica o artística.

La disciplina también puede definirse como la capacidad de actuar ordenada y perseverantemente para conseguir un bien o resultado determinado. Este exige un orden y unos lineamientos para poder lograr con mayor rapidez los objetivos o metas deseadas. Para ello, se necesita sumar a nuestro comportamiento y día a día la autoexigencia que es la capacidad de pedirnos a nosotros mismos ese esfuerzo “extra”  para realizar las cosas de una mejor manera y alcanzar el éxito con mayor rapidez.

La noción de disciplina, por lo tanto, puede estar vinculada al comportamiento o a la actitud de alguien. Se dice que la disciplina es buena cuando la persona respeta las reglas, las leyes o las normativas dentro de algún ámbito: “Insultar a una maestra es una falta grave de disciplina”, “Todos los jugadores tienen que respetar la disciplina impuesta por el entrenador”.

Imagina una persona (la que tú quieras. Puede ser la que esté sentada en tu silla y esté leyendo este post en este momento) que quiera adquirir o cambiar un hábito. Esta persona empieza a realizar una actividad diariamente, muy entusiasmado y motivado por los buenos resultados que está obteniendo. Los primeros días puedes observar que le va muy bien: se está levantando a la hora estipulada, cumple las tareas o actividades que se haya propuesto para el día…se lo que fuese, trata de dar el 100%.

Después logra percatarse que las ganas se van desinflando con el paso de los días. Lo que en un principio inició como una aventura entusiasmada y bien motivada, termina siendo algo fastidioso y tedioso. Un ejemplo común es cuando está estudiando para una evaluación de gran importancia, la pared se vuelve más interesante.

Cuando se da cuenta, él o ella descubre que la motivación no siempre está ahí antes de iniciar (o inhibir) la acción y que necesita tirar de una fuerza diferente para enfrentarse a lo que tiene delante.

Y es aquí cuando encontramos la primera limitante y matadora razón por la cual quemamos nuestros hábitos que tan bien nos estaban conduciendo hacia la disciplina. Es por ello que, en este post, compartiré otros obstáculos que también desencadenan la ruptura de hábitos.

Lo que nos aleja de la disciplina

Son muchas las razones por las cuales en muchas ocasiones nos alejamos de los hábitos que tan bien estábamos implementando para desarrollar nuestra disciplina. A continuación te compartiré algunas de las razones más comunes:

  1. La idea de que la disciplina es una “virtud” con la que se nace

No es así. Aunque haya personas con más facilidad que otras (como en todo), el ser disciplinado es una habilidad que se aprende.

  1. La pereza o la procrastinación están muy arraigadas

Biológicamente, todos tenemos la tendencia natural a ahorrar energía. Hay quien adopta este comportamiento a tal punto que evita involucrarse demasiado en actividades que requieran esfuerzo o constancia. Y, si lleva tiempo haciéndolo así, le cuesta practicar la actitud contraria.

  1. La asociación disciplina = sufrimiento

Suele realizarla quien le da gran importancia la privación del placer momentáneo, dejando de ver la satisfacción de lograr un bien mayor. Quizás porque no ha saboreado esta experiencia.

  1. Una salud deteriorada

Cuando estás cansado o te sientes mal, no es el mejor momento para comenzar a ser muy disciplinado. Para eso hace falta energía.

Si bien, puedes ir practicando acciones pequeñitas para ir sintiéndote mejor y, poco a poco, iniciar la tendencia contraria.

  1. Una baja autoestima

Una persona adquiere (o cambia) ciertos hábitos porque desea hacer algo por y para sí misma. Si no le importa cómo esté, ¿qué caso tiene?

  1. La falta de metas (por falta de confianza en sí misma, miedo al fracaso, escasa motivación…)

La disciplina se enfoca en un bien deseado. Eso da la fuerza para hacer a un lado las distracciones. (Hablando de ellas…)

  1. Un entorno abundante en distracciones

Las tecnológicas, por ejemplo, que es lo que está mandando en la actualidad. Si a esto le aunamos aquellas personas que están en nuestro alrededor que son un tanto flojas, ni se diga.

Cuando se está expuesto a un exceso de distracciones o tentaciones, más esfuerzo se deberá realizar para crearnos una capa protectora que nos haga resistente a ellas en un momento dado.

Hemos visto unas cuantas razones por las que a una persona cualquiera le cuesta ser disciplinada con una acción. Como pudieron ver son cosas sencillas que a cualquiera de nosotros nos ha podido pasar en algún momento determinado del camino que recorremos. Somos seres humanos con temores a lo desconocido y salir de nuestra zona de confort es una de ellas.

Puede haber otras, claro está. El punto, es que, si de veras le interesa adoptar esta actitud, reflexione sobre cuál puede ser el obstáculo para poder abordarlo. No tiene por qué conformarse o abandonar lo que ha elegido que forme parte de su vida.

Emprendedora y Periodista en constante aprendizaje y crecimiento.
Me encanta hablar de emprendimiento y éxito, ¿por qué? #PorquePuedo

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